SANTA COLOMBA DE LA VEGA Pagina nueva 1

EL RINCÓN DE LAS LETRAS-Santa Colomba de la Vega

 

EL RINCÓN DE LAS LETRAS

ÍNDICE DE AUTORES

Poesía de Don José Alfayate

 Poesía de Doña Isabel Alfayate

  Relatos y poemas (Próximamente)

. Para la Hoguera de San Juan

Doña Isabel Alfayate

 

.Amo a mi puebo

D. José Alfayate

 

. A la Patrona de Santa Colomba

D. José Alfayate

 

. Hogueras de San Juan

D. José Alfayate

 

. Tres ríos - Cuatro Puentes

D. José Alfayate

 

El sábado 12 de enero de 2013, a las 18,30 horas,

tuvo lugar la presentación del Libro de Don José Alfayate García,

titulado SANTA COLOMBA DE LA VEGA, PUEBLO Y ALMA.

Es un orgullo para todos los que amamos este lugar, por nacencia,

cariño o vecindad, que el querido maestro nos haya regalado

esta obra en la que se atesora no solo la historia, si no el espíritu de esta tierra.

Sirvan estas palabras como merecido homenaje y agradecimiento

a tan digno hijo de Santa Colomba de la Vega del Río Tuerto;

el cariño y el trabajo invertidos por Don José para regocijo

de todos aquellos que tenemos la suerte de poder disfrutar y aprender

 con sus letras, no será tiempo perdido.

A LA PATRONA DE SANTA COLOMBA 

 

Viniste hacia aquí, y no se la causa,

viniste a este pueblo y estás entronada,

eres la Patrona de dulce palabra,

Patrona Santa que cultiva y labra

las flores del pueblo que son nuestras almas.

Parece que sonríe cuando le hablan,

semeja vestido de oro y no es nada,

el azul del cielo se asoma a su cara,

una pinturilla color oro grana

irisa su manto que mucho le agrada.

Sonríe, sonríe…

Sonrisa del alba.

Miradla de nuevo, miradla, miradla,

con sus ojos de Santa nos mira,

nos ensalza con su mirada,

sus labios de Santa nos hablan,

con su faz de bella ternura

dice que nos ama.

Yo también te amo, Santa venerada,

yo también te adoro, mi Colomba Santa,

yo también te quiero de modo excelente;

Protege mi mente,

cultiva mi alma,

extiende tus alas

y no me dejes solo Palomita Blanca.

¡Cómo no he de querer a mi Patrona

Santa Colomba de la Vega,

si es mi bálsamo dulce en mis penas,

si es la que ensalza e inspira,

si es la que cultiva y llena

de esperanza y amores,

si es el ángel que vela mi vida

y cultiva nuestros corazones!

Bajo el manto que te adorna y cubre

yo quisiera tener mi cobijo

y sentir los efluvios divinos

cual sentía de su Madre el Hijo

y así borrar esa nube

de malos designios.

Y en tu suave y dulce morada,

y en tus labios brillantes de plata

y en tu frente de cielo serena

y bajo el manto de rosa escarlata

y de tu corazón, tesoro de gracias,

yo quisiera mi Patrona buena

quisiera la gracia

de poder ensalzarte

con toda mi alma.

Que el mundo supiera

extendida la onda

que eres la Patrona

de Santa Colomba.

Quisiera sentirte, cual siente el poeta

la belleza de su mente encendida,

quisiera equilibrar mi mente a medida

y poder adorarte en mi lucha secreta.

Deja que te cante, Patrona Inmolada.

Deja que loe, Patrona de Gracia.

Deja que te mime, Pureza sin Mancha.

Ponme en el camino, Palomita Blanca.

Perdona al poeta

que torpemente te canta,

en ti pongo mi Patrona,

en ti pongo mi esperanza.

Adiós Patroncita

Patroncita Santa.

 

  ©  José Alfayate.

 

HOGUERAS DE SAN JUAN

 

La noche de San Juan

es una noche de fiestas,

tradicionales, modestas,

en territorio nacional,

celebrado desde tiempo

 inmemorial.

Ante de hacerse cristiana

esta fiesta pagana,

nuestros ancestros

encendían hogueras

en sus campos yermos

para ayudar al sol

en sus arduas tareas

en acto simbólico

a que "no pierda calor";

no lo era diabólico.

En su conciencia interna

sabían que el fuego

destruye lo malo

y lo dañino. Quema,

porque no es un juego

y sabían desde antaño

y lo tenían por lema

en la noche más corta del año

el arrojar a las hogueras

todo lo innecesario

o queramos destruir

de nuestro pasado.

También Santa Colomba,

Santa Colomba de la Vega;

hace honor a estas verbenas

encendiendo sus hogueras,

lanzando al aire cohetes, bombas,

y entusiasmado brega

alrededor de la flama

acariciando las llamas

y pidiendo con afán

y con gran amor divino

que les de pan,

que les de vino

esta noche de San Juan.

Porque guardando la hoguera,

celebran una gran cena

los vecinos reunidos,

y así todos unidos

se despiden a la aurora

después de gritar, bailar, vocear,

porque creen que ya es hora

de regresar al hogar.

 

  ©  José Alfayate.

 

 

 

PARA LA HOGUERA DE SAN JUAN

 

A la puerta de Goyita

y la vecina Susana

se prepara esta cena

por toda la temporada.

 

Los Señores ya preparan

la hoguera y parrillada

chuletones y costillas

sazonaditas y bien asadas.

 

Y también la panadera

nos prepara empanadas

y las otras compañeras

tortillitas con patatas.

 

Y también chorizos nuevos

preparados con cervezas

las buenas pastas y pasteles

para terminar la fiesta.

 

Y hoy no puede faltar

las bebidas de San Juan

los chupitos y el güisqui

y el famoso buen champán.

 

Ahora que hemos cenado

bailaremos unas jotas

con la música que tengamos

eso lo que ya no importa.

 

Y que tengamos salud

que otro año volveremos

a celebrar todos juntos

y siempre lo agradecemos.

 

La queimada de Galicia

no es un desagrado

aquí también se hace

para curar el catarro.

 

Lo tomamos bien caliente

para calentarnos de veras

así cantamos mejor

alrededor de la hoguera.

 

 ©  Isabel Alfayate.

 

 

 

TRES RÍOS - CUATRO PUENTES

 

Del pueblo Santa Colomba,

Tres ríos cortan el plano,

el Tuerto, que viene en tromba

en invierno, algunas veces

y queda seco en verano.

Otro, es el río de los Peces,

que serpentea por Las Veigas

y en verano abre sus brazos

formando diversos lazos

para el riego de las Vegas.

El tercero, es el río Duerna

que viene de la Valduerna

y con rigor y firmeza

deslinda Santa Colomba

de Ciudad de la Bañeza.

al río Tuerto le hace sombra

tan sólo, un solo puente,

el llamado de Las Eras,

que a pocos metros al frente

le sigue la carretera

con otro puente vacío

que es el puente que se alza

sobre el cauce, que no es río,

sino acequia que riega

fincas, con aguas que vienen

de Matilla de la Vega.

En el río de Los Peces

corre el agua con cautela

bajo dos hermosos puentes:

el puente de Los Espinos

y el puente de La Rotela.

El otro, el del río Duerna,

tiene un elegante puente

que la carretera peina,

procede de La Valduerna,

le dicen Puente La Reina.

©  José Alfayate.

 

 

 

AMO A MI PUEBLO

 

Amo a mi pueblo por que no me gusta,

porque es feo;

sueño con un pueblo de delicias;

un pueblo superior,

un pueblo nuevo.

Sueño con los campos de ésta tierra negra,

curtida

por los inviernos gélidos

y los veranos secos,

en los campos de otoño

vestidos de recuerdos.

Pienso en las casa de tapias y adobes,

destartaladas,

desgarradas,

hoy casi despojos;

mostrando por su grietas y jirones

los tesoros y manojos

de heno,

paja (cuelmo),

alfalfa o trébol seco.

Pienso en el carro viejo,

renqueante,

cargado de la mies en el verano

y tirado

por bueyes “garbosos” y de paso lento;

rumiando,

soñando en silencio.

En la mullidas, cerras y cubiertas de adorno,

las iniciales grabadas con clavillos

semejando al oro,

del criado, el amo o el mayordomo.

Recuerdo el sobeo,

el sobiyuelo,

la trasga,

la ijada,

la vara del carro,

el tentemozo.

el cabijal,

la cabía,

el arado romano…

Los cornales;

coyundas

que sirven de unión

entre el yugo y la yunta

para ser arrastrado

el arado, abriendo canales,

surcos, jirones

donde depositar la semilla

que es la esperanza

ilusiones

de una nueva vida.

Digo del arado

las partes

de que está dotado:

el timón, la cama,

el dental, la esteva o mancera,

la trilluela, reja,

las orejeras,

la garganta,

el pescuño,

la vilorta

y la clavijera.

Pienso en aquel labriego entrado en años,

de rostro curtido

en un mundo atávico,

negro como la tierra cargada de historia

labriega

y llena de desengaños.

En la indumentaria tosca

de aquellos ancianos:

la montera,

el sombrero bruno de paño,

el camisón de lino,

la chaquetilla parda,

las bragas o calzones,

el dicho de marras:

“quien no está enseñado a bragas

las costuras le hacen llagas”,

en los zajones,

la faja,

las medias de lana

los zuecos,

la anguarina

y la luenga capa.

En ellas, la viejas;

el pañuelo atado a la cabeza

formando roseta,

la chambra,

el justillo,

la enagua,

las sayas,

el manteo de estameña,

la faltriquera,

el mandil sujeto a la cadera

por los prendales,

las medias,

los escarpines

o la madreñas,

la frisa, el dengue,

y por adorno

las arracadas, polcas y los corales.

Pienso en las calles de suelo desigual,

en aquellos relejes tremendo,

el barro de invierno,

el polvo de estío;

el fango,

el hielo

(¡Verdaderos ríos!)

que al cruzar las calles en el mes de nero

volvías al hogar

hecho un cirineo.

Recuerdo muchas cosas:

mi vetusta cocina con la piedra del llar

en el centro,

la lumbre del hogar

en el invierno,

alimentadas por cepas de brezo

¡Daban tanto humo!,

todo estaba negro

con aquel “fumeiro”,

y a la luz del candil

al reflejo,

parecía mi cocina

la cueva de algún bandolero.

Colgado de la bregancia, sobre

el garabato,

la caldera de cobre,

murmurando, riendo,

albergando en sus entrañas

convulsiones y movimientos.

Al lado, el borrajo,

¡Todo un santuario!,

presidiendo este altar

la puchera y el pote

allí, calentitos

y hablando tan bajo

cual si fueran los dos abuelitos

rezando el rosario.

Y como un monstruo de boca de hiena

panza de sapo,

vientre de infierno,

el horno:

el coloso suicida

que después de ser “arrojado”

transformaba a sus hijos

en el pan nuestro de cada día.

Pienso en la masera donde la abuela cernía

y hacía milagros;

en las barandas,

en las piñeras o cedazos,

en las trébedes,

el atizador,

el “gallo”,

el badil, el fuelle,

las ánforas o cántaros,

el cazo,

la alcuza,

las sartenes

y todo el atuendo de cacharros.

En la romana,

en sus pesadas y comparaciones;

arrobas,

libras,

onzas

y cuartones.

Evoca mi mente

el filandón,

el hilado

de lana y de lino,

planta de tallo

largo, hueco y fino

que nació

en los sueños de febrero

o mayo,

y creció

mas de tres cuartas

sin saber

cómo

ni cuándo.

Sueño con los mazos planos y acanalados

de majar el lino,

movidos siempre por brazos fornidos,

con la fitera,

con el dedil,

con las espadillas,

con el rastrillo

que afinaba la fibra

sacaba la estopa

y le daba brillo.

Con la peiza o grona y el escriño,

con el huso,

la rueca,

el farol,

la devanadera o el argadillo,

la naspa,

el acertijo:

“cuatro danzantes

andan en danza,

unos tras de otros

y nunca se alcanzan”.

Da vueltas morena

que a fuerza de vueltas

formas la madeja.

Figura el telar en mis recuerdos

de cosas antiguas

y viejas;

la urdimbre,

la trama y la lanzadera

en forma de una canilla

insertaba la trama

o hilo transversal

con saltos de ardilla

a golpes de pedal.

Recuerdo el potro,

el poyo,

el mástil,

el mozo,

el refrán:

“días de agua

a la cantina o a la fragua”

y casi todo lo relacionado

con la rama ancestral.

También me viene al recuerdo

la era,

trillando cuarenta grados al sol

y echando la sombra

la siesta

bajo la meda.

Y recuerdo y pienso…

que te amo, pueblo mío, que te quiero

porque no me gustas,

porque eres feo.

ya estoy viendo cambiar tu vestido antiguo

por el traje nuevo.

Y el recuerdo de la era,

me sugiere

la idea

de la siega:

a hoz o guadaña,

que dice Don León Felipe:

“es la serpiente que va lamiendo

la piedra

de afilar”.

Un gazapo

que se esconde en el cuenco

de un cuerno

llamado cachapo.

Conlleva consigo la isega

cortar la mies,

engavillar,

pergeñar garañuelas,

poner tres gavillas,

formar el manojo

y atar,

hacer la morena

y luego,

arrastrar.

Detrás de la siega venía el acarreo,

dando los manojos con la horca

al carrero

en el carro,

colocando para fuera la troza

que no se desgranase

la espiga,

cargando hasta seis manojos en pico

sobre la pernilla,

echando después los dogales

atando el balumbo,

sobre el bordigón y la traguadera

y de esta manera

caminando a paso lento y a rumbo

introducían la mies

en la era.

Se descargaba el carro

formado la meda,

ponían los manojos en trilla,

coraban las garañuelas,

esperaban un poco para que este sol

de Castilla

calcinase las cañas

sencillas.

Le daban la vuelta

con la tornadera,

metían el trillo

con dientes de piedra

y a dar rodeos,

vueltas y mas vueltas

a paso lento

y todo a la sombra de la paja

del sombrero.

Hecha la trilla

se juntaba con el cuartadero

formando la parva,

se arrastraba primero,

luego se barría

esparciendo el solar por encima

que no se calase

si acaso llovía.

Se limpiaba

cuando hacía viento

con el bieldo,

(testigos los uñuelos)

separando la paja del grano

formando el muelo.

Se tendía una manta

en el suelo,

se pasaba el muelo por la ceranda,

quedaba el grano limpio,

se recogía

con la hemina o el cuarta,

se pasaba el rasero

y se metía en el blanco costal

de lino casero.

Y la paja alhajar,

el grano al granero

para que así no pares

carrero.

Vete al molino,

trae el aceite y la harina

y no te olvides:

paga la maquila.

Y pienso y recuerdo

y recuerdo y pienso…

que te amo pueblo mío, que te quiero

porque no me gustas,

porque eres feo.

Ya estoy viendo cambiar tu vestido antiguo

por el traje nuevo.

Tus campos se han transformado

de parvos

en vastos,

tus caserones e antaño,

son hogaño

todo un salón principal;

el labriego ha pasado

de rústico

a señorial.

El vestuario

de origen vegetal

o animal,

es ahora tocado

por el tergal.

Aquellas pesas, medidas,

monedas,

de tiempo inmemorial

(real, cuarto, ochavo, maravedís)

han desparecido

con su escudo de lis

El carro y los aperos de labranza

que cuidaban con amor

son sustituidos

por máquinas de labor.

Los bajos y altos,

van siendo suprimidos

por el asfalto,

los vetustos llares,

en salones principales;

los antiguos telares,

por máquinas mecánicas

enteramente automáticas.

Las faenas de acarreo, de era,

de siega,

con guadañas y hoces,

son ahora

realizados por procedimientos rápidos,

veloces,

con ese coloso que llaman

cosechadora.

Y te amo pueblo mío,

te quiero,

porque no me gustas

porque eres feo,

quiero ver cambiado totalmente

tu pellejo

y entonces, no se si te querré

más

o menos

aunque se que este cambio,

este vestido nuevo

se llama

progreso.

Verificando con el esfuerzo

del espacio,

del tiempo,

de trabajos diversos,

como estrujando la uva en el lagar

o removiendo el haza,

por eso;

veo en ti, pueblo mío,

querido,

un altar:

el altar de la raza.

 

  ©  José Alfayate.

 

 

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